Somos pueblos que nacen del agua.
Del mar, del manglar y de las riberas venimos, y en ellos seguimos siendo. No solo habitamos estos territorios y comunidades: somos parte de su tejido vivo, de su memoria profunda, de su equilibrio.
Nos hemos autodeterminado como pueblos ancestrales, sujetos colectivos de vida, historia y lucha. Desde 1998 caminamos juntos, articulando liderazgos comunitarios, pensamiento crítico y defensa territorial en los maritorios del Ecuador. En ese andar hemos tejido memoria, resistencia y propuesta.
Somos la voz del manglar que resiste, la palabra del mar que sostiene, la fuerza de las comunidades que no se rinden. No somos víctimas de la historia: somos sujetos políticos que sostienen la vida.
En medio de la crisis climática, económica y civilizatoria, seguimos de pie. Luchamos por la veda indefinida a la tala de manglares, por el respeto a nuestros derechos consuetudinarios, por la consulta libre, previa, informada y con consentimiento, y por la justicia frente a la deuda social, cultural y ecológica que persiste sobre nuestros pueblos.
Defendemos la vida frente al despojo, frente a las industrias extractivas y frente a la mercantilización de la naturaleza. Porque en el manglar y en el mar no solo vivimos: allí se sostiene la vida misma.
Pero también somos propuesta. Construimos economías propias, impulsamos educación desde las comunidades y recreamos formas de gobernanza que nacen de nuestras raíces y proyectan futuros dignos.
Somos presente y somos futuro.
Un movimiento vivo que resiste, crea y transforma.
Cuidar el ecosistema marino o maritorio es cuidar la vida.
Y desde nuestras comunidades y pueblos, seguimos abriendo caminos para la humanidad.